Sevilla tiene un correr especial

Sevilla tiene un correr especial

Correr es querer. Con esta máxima me propuse, hace ya unos años, ser un poquito más feliz y una vez más, volví a hacer bueno el dicho en el maratón de Sevilla 2016. Mi ciudad, mi gente, mi familia, mi mujer, mis amigos. Correr un maratón es lo mejor para la cabeza y lo peor para el cuerpo, dicen. Yo solo puedo decir que… ¡Benditas agujetas las que llevo encima después de que Sevilla entera se volcase a nuestros pies, a los de los 13.000 afortunados que tuvimos la suerte de correrla!

42.195 metros, bonita cifra. Hay quien se la tatúa a modo de tótem, los hay que sueñan o, incluso, sufren pesadillas con ella durante meses. Cada uno asume la distancia como puede, o en muchos casos, como quiere. Yo sabía que Sevilla tiene un correr especial. Había leído que su recorrido, el más llano de Europa, te invita a volar, que sus gentes cumplen con el tópico de que esta tierra tiene una de las mejores aficiones del mundo. Ahora puedo decir que sí, que no es propaganda para hacerte con un dorsal, que Sevilla tiene un enorme maratón y que cada año, será un poquito mejor si cabe.

Reí y sufrí, corrí bonito, que no es otra cosa que hacerlo con la sonrisa puesta y traté de ir grabando en mi memoria todos y cada uno de los momentos buenos y también los más duros de mi paso por su monumental trazado. Iba preparado. Ropa cómoda, ligera y llamativa, para que mi familia pudiera localizarme al paso (por cierto, muy recomendable y molón, lo último de Fila para runners). Cuando las fuerzas empezaron a fallar en el kilómetro 35 me agarré de nuevo a un único pensamiento positivo: “estoy aquí porque quiero y por ellos, por los que no pueden”. Y así lo hice, soñando con ver a mi familia y amigos en meta. Los últimos 195 metros de Sevilla son de otro mundo, poder vivirlo deber ser algo parecido a tocar el cielo con las manos. Yo ya lo he sentido y estoy seguro de que volveré a hacerlo. Sevilla me ha dado muchas cosas. Ahora también, mi MMP, bajando de 3 horas y media. Como me gusta decir… Yo, ya. Ahora te toca a ti.

 ¿Te sumas a correr bonito?

Roberto Leal