“Si caminas solo irás más rápido, si caminas acompañado llegarás más lejos”

Desde pequeños crecemos escuchando eso de que “la unión hace la fuerza“, de que un equipo unido puede con todo y con cualquiera. Nos enseñan a trabajar, colaborar y cooperar con los demás, a hacer esas conexiones exitosas admitiendo las diferentes ideas, cualidades y aportaciones de cada uno. En el fondo, y si lo pensamos bien, podemos creer que nos están diciendo que solos no podremos conseguir nada, que nunca llegaremos tan lejos como con un grupo. Después de mi experiencia en el deporte, puedo decir que lo que nos están diciendo es que no deberíamos perder la oportunidad de disfrutar de una de las cosas más bonitas que tiene la vida. El formar parte de un algo, el tener un rol en un grupo, el conseguir un objetivo con tu equipo, es algo inigualable y te dará una de las mayores satisfacciones de tu vida.

Pensando en mi carrera encuentro 3 claros casos para ilustrar este “fenómeno de la fuerza grupal”, el primero en mis inicios, en mi equipo-familia. Ahí jugábamos por el amor a este deporte, pero la ambición y las ganas de ganar eran máximas. Había otros equipos mejores, con más calidad, más experiencia, más trabajados… Pero nuestra unión dentro y fuera del campo era imbatible. Conocer nuestras vidas, nuestras familias, nuestros problemas, nuestras preocupaciones, nuestros sueños y ambiciones, se transformaba en que nuestras ayudas en el campo fuesen brutales, donde no llegaba una llegaba la otra, lo que no podía hacer esta lo hacía la otra. Cuando creces con eso corres el riesgo de creer que es lo normal, pero el tiempo y la vida te hace darte cuenta de que solo es lo ideal y no tan habitual como debería. Eso sí, quedas condenado a buscarlo siempre, y cuando lo encuentres de nuevo lo disfrutarás al máximo.

Eso es lo que hice en Suecia, y esta vez ya al máximo nivel profesional compartiendo vestuario con alguna de las mejores jugadoras del mundo, que mostraron el mayor compromiso y unión cuando el club llegó a la bancarrota. Sin cobrar durante meses y con la libertad de poder irnos en cualquier momento, ese equipo cuidó de sus miembros dentro y fuera del campo, cada una jugó su papel en los momentos y formas necesarios, y esa fuerza nos hizo llegar hasta la final de la Champions League y, por encima de todo, nos regaló una de las mejores experiencias de nuestra carrera deportiva. Pero ese equipo no sólo estaba formado por jugadoras, nuestro entrenador, nuestra fisio y el resto del cuerpo técnico se volcaron; sumaron y empujaron de manera emocionante, porque sí, sabían de la ilusión que nos movía, y sí, se habían contagiado, pero sobretodo porque se sentían parte de ese grupo, sentían la misma responsabilidad y tenían nuestro mismo convencimiento.

Tardé años en admitir que los deportes individuales también son deportes de equipo, no veía la diversión en un deporte donde entrenabas y competías solo, pero esta experiencia me hizo reflexionar, no hay tanta diferencia como creía. Puede que corras, pedalees, remes o saltes solo pero, ¡¿acaso no tienes un equipo contigo?! Tus padres te llevaban a entrenar, tus entrenadores fueron básicos, tu médico y fisio te ayudan a rendir, tu familia y amigos son tus pilares. Que el equipo se complemente, organice y funcione os permitirá estar más cerca del objetivo, pero toda esa unión necesita de un trabajo, de unas bases sólidas y sobretodo de una convicción, no en que se pueda conseguir sino en que cada uno es fundamental para hacerlo pero nadie es imprescindible. El equipo está por encima de todo y de todos.

Y esto es lo q buscamos en la selección española femenina, mi tercer ejemplo. Después de años de frenada y de generaciones frustradas por el pasotismo con nuestro deporte, conseguimos un grupo comprometido y maduro, que agotado por las circunstancias se decidió a buscar el mayor cambio en la historia de nuestro deporte, y ese no es otro que el de devolver el futuro a las protagonistas, las jugadoras. Más internamente, el vestuario funciona por personalidades, las más amigables hacen que todas nos encontremos a gusto, las de la experiencia, que a nadie se le olvide por qué estamos aquí. Quien pone la música es fundamental, igual que la que nos hace reír en momentos de tensión, o la que da la vida por ganar cualquier juego o ejercicio y nos enseña el camino de la competición, y quien media con cualquier conflicto, y quien te invita a un café o a un paseo cuando te hace falta.

El deporte nos trasmite valores como el trabajo, esfuerzo, sacrificio, responsabilidad, compromiso, constancia. Deberíamos de  añadir el valor de la fuerza de equipo e intentar extrapolarlo al resto de nuestra vida.

 

Vero Boquete

@VeroBoquete

Vero Boquete: El valor de la fuerza de equipo

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