Miércoles, ocho y cuarto de la tarde y aquí estoy yo, corriendo con la nariz más roja que el reno Rudolph y a 3 grados porque sí, hace frío, mucho frío. Sábado, nueve de la mañana, toda la semana madrugando, en casa están todos todavía durmiendo y yo aquí, en pie y listo para correr. Martes, siete y media de la tarde y nada más y nada menos que 33 grados, mis amigos aprovechando el verano en una terracita y yo corriendo la tercera carrera popular de mi pueblo, pero… ¿por qué?

¿Cuántas veces nos hemos cuestionado nuestra afición al running? ¿Cuántas veces nos hemos dicho “pero para qué narices estoy haciendo este esfuerzo con lo bien que se está en el sofá”? Reconocerlo, esta pregunta os ha rondado una y mil veces por vuestra cabeza, no solo en los entrenamientos sino también en las carreras porque es ahí cuando nos dejamos la piel por conseguir nuestra mejor marca, porque son muchos kilómetros y en algún momento nos entra ese punto de debilidad, de cuestionarnos el por qué estamos ahí. Pero, en el momento en el que cruzas la meta y ves tu tiempo o simplemente logras terminar la carrera, no puedes evitar sentirte orgulloso por haberte esforzado, superado y conseguido tu objetivo. Es ahí, justo en ese momento, cuando te das cuenta de que #TodoTieneSentido

Porque al fin y al cabo #TodoTieneSentido

Categoria: DeporteNO HAY RUTINA
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