Ironman, todoterreno, deportista sin límites pero, sobre todo, una persona que tiene mil ganas de comerse la vida. Es imposible describir a Valentí Sanjuan en una sola palabra. Porque Valentí es eso y mucho más. De periodista en paro pasó a trabajar en su propia agencia, donde montó un programa conocido como Visto lo Visto. Hoy, se enfrenta a competiciones deportivas a nivel mundial con el objetivo de superar retos y somos miles los internautas que le seguimos a través de su canal de Youtube.

Valentí Sanjuan acaba de participar en la dura carrera Titan Tropic y está preparando un documental muy especial. Como en Sprinter somos muy fans de Valentí y llevamos un tiempo intercambiando con él inspiración y consejos, no queríamos dejar pasar la oportunidad de hablar con este crack sobre su experiencia en la carrera.

La Titan Tropic Cuba es una de las carreras de MTB más duras que existen. ¿Por qué te animas a participar en ella?

Bufff! Para preguntas como ésta tengo la respuesta corta y la larga. La corta es simple: porque me da la gana, porque me da la vida, porque disfruto como un enano, porque me encanta currar en Gordon Seen y tener una vida ‘normal’, pero también me gusta ponerme el antifaz y salir a hacer el Batman cuando puedo, a sentirme un poco superhéroe dándolo todo en este tipo de carreras calificadas como ‘las más duras del Mundo’. La larga es más compleja pero más cierta, más real: mi madre murió de cáncer cuando aún era demasiado joven, o demasiado poco vieja. Le diagnosticaron y en un mes la estábamos enterrando. No fumaba. No bebía. Hacía ejercicio. Trabajaba como el que más. Comía sano. Mi madre había luchado toda la vida. Mucho. Para levantar a la familia. Para ayudar a mi padre a construir un negocio. Para pagar las facturas a final de mes. Así que cuando llegó el cáncer arrasó con todo lo que tenía por delante, porque para eso mi madre no tenía fuerzas para luchar. Para mí, participar en estas carreras y acabarlas es mi forma tonta de tomarme la revancha. Porque es cierto que un día, eventualmente, todos vamos a morir y eso es lo único que sabemos. Pero ir a estas carreras, sufrir como un condenado, y conseguir llegar a meta es un forma de vencer a la muerte en vida. Puede sonar a flipada del Sanjuan, pero así lo veo yo.

¿Qué te llevas de la experiencia? ¿Cuál fue para ti el MOMENTO del viaje?

Juntamente con la Mongolia Bike Challenge, la carrera más bonita en la que participé jamás. Dura, muchísimo barro, mucha humedad, pero unos paisajes increíbles y sobre todo, el cariño de la gente. Los cubanos de la parte más montañosa, más bosque y jungla, más alejada de La Habana, salían a diario a recibirnos: pasábamos por pueblecitos pequeños y todos los niños de la escuela, los maestros, los campesinos, la gente mayor, todos estaban esperándonos, aplaudiendo, animando. La expresión en las caras de la gente mayor me pareció increíble. Cierto que en la capital ya no es tan exagerado, pero la gente del campo era realmente cercana, amable, cariñosa. No recuerdo de ninguna carrera donde me hubieran animado tanto y al revés, donde yo hubiera animado, gritado, saludado y sonreído tanto a la gente hasta el punto de llegar a olvidar literalmente lo que estabas sufriendo.

“Conseguir llegar a meta es un forma de vencer a la muerte en vida”.

Entonces, ¿qué es lo que ganas cuando te esfuerzas tanto para conseguir tus metas?

Lo que te decía antes. Está claro que aquí vinimos de paso. Nos guste o no, un día haremos las maletas y nos iremos. Y cuando lleguemos al otro lado, lo único que quedará en esas maletas será lo vivido. Lo disfrutado. Lo tatuado de verdad. Lo que te haya puesto los pezones de punta. No habrá dinero. No habrán pisos. Ni propiedades o egos. Eso sí, ahí estarán todos esos momentos que hayas vivido de verdad, intensamente, no sentado en una oficina sino persiguiendo sueños. Como te decía, esta es mi manera de vencer a la muerte en vida. De disfrutar como un enano. Y de sufrir mucho más de lo que me había imaginado que sería capaz.

¿Qué le dirías a alguien que quiere correr esta carrera pero que, por miedo a fracasar, no se atreve?

¡A la mierda! Que se vaya a la mierda él, o que mande a la mierda el miedo a fracasar. No existe. No debe existir. Básicamente porque no sirve de nada más que para paralizarte. He contado algunas veces ya que una persona no lo logra el día que cruza la meta, sino el día que de verdad se convence de que lo va a intentar. Pero no un intentarlo de ‘a ver qué pasa’, sino un intentarlo de ‘lo voy a dar todo porque me va la vida en ello’. Y pone todos los medios, toda la ilusión, todas las ganas y todo el esfuerzo en intentar conseguirlo. Para mí, el día que realmente te convences de esto y empiezas este viaje, ya eres finisher. A partir de entonces, tardarás más o menos, pero lo conseguirás.

“Lo bueno y lo malo que he ido pasando en la vida me han hecho así. Y el resultado, de momento, es esto: unas ganas enormes de devorar cada instante”.

Éste es uno de los retos más complicados que has hecho hasta ahora. ¿Tienes algún sueño que todavía no hayas realizado? (o, dicho de otro modo, algún reto deportivo futuro al que le quieras meter mano).

¡Sin duda! La lista es muy larga porque hay carreras por todo el mundo, natación, correr, bici, y cientos de locuras que me ponen muy muy muy palote. Pero hay una que es la asignatura pendiente: en los dos años que llevo en este deporte conseguí acabar en todas, a veces igual de milagro pero ahí están, en la mochila. Pero hay una, la Madrid Lisboa, que se me resiste la muy jodida. Es la única que no logré acabar, y ya van dos intentos: es muy dura, 55 horas pedaleando sin parar para un total de 770KM en bici de montaña entre Madrid y Lisboa. El primer año por una caída y el segundo año por corte de tiempo, jamás fui capaz de pasar de los 550KM, así que ¡este año tendré que hacerlo mejor!

“Comerse la vida” va más allá del documental, es tu filosofía de vida. ¿De dónde viene toda tu motivación y tus ganas de superar obstáculos en tu vida?

Bueno, no sé de dónde viene, tampoco sé a dónde va. Lo que sí intuyo es que lo bueno y lo malo que he ido pasando en la vida me han hecho así. Me han ido modelando a su manera. Y el resultado, de momento, es esto: unas ganas enormes de devorar cada instante para que, el día que llegue el del mazo, o el de la guadaña, no se me quede esa cara de ‘vaya, la de cosas que me quedaron por intentar’.

Valentí Sanjuan: “Una persona no lo logra el día que cruza la meta, sino el día que de verdad se convence de que lo va a intentar”

Categoria: EL LADO BUENOVida
0

Únete a la conversación

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *